Los activos corresponden al conjunto de bienes y otros, de los que la compañía es dueña o propietaria, como pueden ser instalaciones de oficinas, equipos informáticos, vehículos, o la venta de productos o servicios a clientes, todo aquello que pueda representar beneficios futuros.
Los activos empresariales se clasifican en activos pasivos y activos, estos últimos se clasifican en activos corrientes y activos no corrientes. Los activos pasivos corresponden al conjunto de deudas que tenga una empresa, y contiene también todos aquellos compromisos que tiene la empresa, provenientes de transacciones antiguas, en términos generales, los activos pasivos son las deudas de la empresa, por otra parte, los activos corrientes son aquellos bienes que tienen algún tipo de rotación menor a un ano, como puede ser inventario o tesorería, mientras que los activos no corrientes se refieren a aquellos que supera el ano de vida útil, como instalaciones, vehículos, sistemas informáticos, entre otros.
A pesar de que las empresas se encuentran compuestas por un sin número de activos, es importante definir la importancia de cada uno de estos para el funcionamiento de la empresa, ya que cada uno representa beneficios para el negocio de manera diferente, es decir, existen unos activos más valiosos que otros, aquí te mostraremos de qué manera se pueden clasificar dependiendo de su valor empresarial: